EXPOSICIÓN

“EULALIA DE MÉRIDA Y SU PROYECCIÓN EN LA HISTORIA”

El Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, con el patrocinio de la Subdirección General de las Bellas Artes del Ministerio de Cultura y la Fundación El Monte, organizó, dentro del programa de actos conmemorativos del XVII Centenario del martirio de Santa Eulalia de Mérida, una magna exposición que reunió una importante elenco de obras de arte procedentes de los principales museos e instituciones de toda España. Venía esta exposición a completar otros actos auspiciados por la Asociación para el Culto de la Mártir Santa Eulalia de Mérida, entre los cuales la celebración de un Congreso Internacional sobre “Eulalia de Mérida y su figura histórica” y un monumento realizado en mármol de Carrara, obra del afamado escultor emeritense Eduardo Zancada.

La muestra, diseñada por don Agustín de la Casa e instalada en las salas de exposiciones temporales del propio museo de Mérida, acogió a un nutrido número de visitantes, en su mayoría, tal y como cabría esperar dada la temática y las fechas (entre el 25 de noviembre y el 31 de enero de 2005), emeritenses. Un núcleo de población al que se quiso prestar especial atención fue el escolar y, dentro de él, al de más tierna edad. La vida y milagros de la Mártir fue contada de forma amena por el entusiasta grupo de Voluntarios de la Tercera Edad del Museo, y el Departamento de Educación y Acción Cultural llevó a cabo una preciosa actividad titulada “Eulalia de Mérida en colores”, con la que, mediante el dibujo y un texto didáctico, los más pequeños conocieron pormenores de la vida de la patrona de su ciudad.

“Eulalia de Mérida y su proyección en la Historia” se articuló en tres grandes bloques expositivos: “Historia”, “Culto” y “Santa Eulalia en el arte y la literatura”.

A manera de introducción sobre el momento en que se desarrollaron los acontecimientos, en el primer bloque se abordaba la realidad histórica de la Mérida que conoció Santa Eulalia - en la que era más que patente esa dualidad pagano – cristiana - y el origen y desarrollo del cristianismo primitivo emeritense, uno de los más antiguos y jerárquicamente organizados de la Península Ibérica. Se explicaba a través de piezas arqueológicas singulares del yacimiento emeritense, tanto de pequeño formato (vidrios, cerámicas, bronces, etc.) como de grande, destacando entre éstas últimas el epígrafe de la restauración del Circo (buena muestra de la vitalidad de los cultos paganos), el relieve del emperador Maximiano Hercúleo (bajo el que sufrió martirio Santa Eulalia) otro de Noé, así como restos escultóricos bajo-imperiales y visigodos, todo ello en un arco cronológico que abarcaba desde finales del siglo III, coetáneos, por tanto, de la santa, hasta los siglos VI y VII, cuando Mérida era ya capital efectiva de las Hispanias.

El juicio, martirio y muerte de Eulalia en el marco de la “Gran Persecución” decretada por el emperador Diocleciano, estuvo representado por una panoplia excepcional de piezas. A saber: un conjunto de óleos sobre tabla procedentes de la Parroquia de Arenillas del Río Pisuerga (Burgos), conservados en el Museo Diocesano del Retablo de Burgos, fechado en la segunda década del siglo XVI; otros óleos procedentes del camarín de Santa Eulalia de Mérida en Totana, del año 1731, una magnífica muestra del arte barroco, a medio camino, como señaló Juan Canovas, entre lo culto y lo popular. Con luz propia brillaron, en este apartado, tres esculturas de bulto redondo: la Santa Eulalia de Francisco Morato o Salvador Muñoz, de entre 1616 y 1618, tallada en madera y ricamente estofada y policromada; la Santa Eulalia de Luis Salvador Carmona (segundo tercio del siglo XVIII) y custodiada en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid y, finalmente, la Santa Eulalia yacente, en terracota policromada, conservada en el Museo de la Iglesia de la Catedral de Oviedo. Se completaba la sección, amén de con otras esculturas y pinturas menores, con un espectacular lienzo al óleo del Museo Nacional del Prado en el que se muestra a la Mártir exánime en un paisaje nevado, obra muy lograda del pintor Gabriel Palencia.

El segundo bloque en que se dividió la exposición estaba dedicado al enterramiento de Santa Eulalia y al inicio de la devoción, otorgando especial protagonismo al papel que tuvieron las reliquias como vector de difusión del mismo.

La muerte y posterior enterramiento piadoso de los restos de la mártir emeritense dio origen a un culto temprano, con la erección de un martyrium y de una basílica, ya en el siglo IV d.C., foco tanto de irradiación de la devoción como de peregrinaje. Los materiales que ayudaron a explicar convenientemente este fenómeno fueron las lápidas de Eulalio, clérigo confesor, de Saturnino penitente y del metropolitano Fidel, del siglo V, que, junto con una serie de fotografías divulgó al gran público la facies primigenia del martyrium de Eulalia, origen de la subsecuente necrópolis en la que estuvieron sepultados los primeros obispos de la Silla emeritense.

Como prolongación lógica de esta acendrada devoción, se mostraron algunos de los recuerdos eulalienses más representativos, generados desde tiempo inmemorial, pero, sobre todo, desde la época barroca a nuestros días. Se pretendía lograr, de este modo, que el título de la exposición adquiriera su plena dimensión.

En la importancia que para el desarrollo universal del culto a Santa Eulalia tuvieron las reliquias se quiso incidir especialmente. No son muchas pero sí expresivas las inscripciones que mencionan reliquias de la doncella emeritense; una de éstas, monumental, del siglo VII, sirvió para explicar el fenómeno, acompañada de dos relicarios visigodos.

Junto a las piezas de época visigoda reseñadas también se expusieron materiales diversos, como grabados del maestro Alexandre de Laborde, en particular aquél que muestra como era a comienzos del siglo XIX el entorno de la iglesia de Santa Eulalia de Mérida y que sirvió de modelo para que un artífice grabara un plato en cobalto y oro para la Vajilla de Paisajes del Palacio Real de Madrid, pieza que se pudo exponer gracias a la generosidad de Patrimonio Nacional que la cedió gentilmente.

De igual modo, en vitrina, se mostraron piezas de gran valor artístico y sentimental, tales como la rica aureola procesional, fabricada en oro, esmeraldas, perlas, marfil, rubíes, zafiros y aguamarinas, o joyas del tesoro de Santa Eulalia, custodiadas por la Asociación de su nombre.

Finalmente, un apartado explicaba cuáles habían sido las manifestaciones artísticas y literarias nacidas en torno al culto de Santa Eulalia y que constituía un broche de oro para la muestra.

Entre las primeras, cabe destacar el hermoso lienzo del obrador de Zurbarán, datado en los comedios del siglo XVII, y el “Martirio de Santa Eulalia”, un colmado ejemplo de la relivaria salido de la mano maestra de Roberto Michel, que la esculpió un siglo más tarde y que hoy día es gala del Museo Nacional del Prado. En esta terna, destacar, igualmente, el bellísimo lienzo de Eugenio Hermoso, propiedad del Excmo. Ayuntamiento de Mérida.

La exposición culminaba con una miscelánea de documentos histórico – literarios de incuestionable valor: libros y pliegos del Siglo de Oro a nuestros días y que nos hablan, bien a las claras, de la importancia que tuvo, ha tenido y tendrá Santa Eulalia de Mérida para cuantos a ella se encomiendan en momentos de alegría o pesadumbre y a la que toman por intercesora ante la misericordia del Padre.

La exposición “Eulalia de Mérida y su proyección en la Historia” sirvió, sobre todo, para proclamar a los cuatros vientos (gracias a la difusión que proporciona el Catálogo que se editó) la universalidad de la mártir emeritense.