UN MONUMENTO A NUESTRA PATRONA

La historia de Mérida está ligada indefectiblemente al culto de Eulalia y toda ella basculó en torno a su egregia figura, y hasta las tradicionales brumas del río recibieron la denominación de “nieblas de la Mártir”.

Los anales emeritenses están repletos de testimonios de ese culto imperecedero y en los momentos de crisis, debido a guerras, epidemias y otros avatares, la invocación a la Santa, como protectora y eterna vigía de la ciudad, fue siempre una constante. Del mismo modo fue partícipe de los momentos gloriosos vividos por los emeritenses.

Sus naturales, agradecidos a su intercesión, no dejaron de ofrecer muestras significativas en su honor. Así, en el siglo XVII, con sus limosnas y las de los habitantes de la comarca, se pudo levantar el celebrado Hornito, que vino a sustituir a otro oratorio anterior, más modesto. Este testimonio de fe y devoción por su patrona pudo ser llevado a cabo por los emeritenses en el año de 1612, siendo gobernador D. Luis Manrique de Lara, quien a su vez procuró que se eligiera un humilladero en el comienzo del camino real a Madrid, junto al Hornito y en el lugar donde la tradición refería que fue azotada la Mártir.

Unas décadas más tarde, en momentos de crisis producidos por la guerra contra Portugal, los emeritenses vuelven sus ojos hacia la Patrona y le erigen un monumento, el denominado “Obelisco de Santa Eulalia” para lo que se aprovecharon unas aras romanas descubiertas en los aledaños del denominado “Templo de Diana” y un togado romano – además de otros elementos arquitectónicos y epigráficos – que, retallado, fue convertido en el cuerpo de la Santa, al que se ajustó una cabeza con el rostro de Eulalia y unos brazos con el hornito y la palma, símbolos de su martirio. Fue instalado en el campo de San Juan, donde ahora está la réplica del mismo que hubo de realizarse una vez que se depositaron las piezas que conformaban el monumento, de incalculable valor arqueológico, en el Museo Nacional de Arte Romano, aunque a finales del siglo XIX, época de fervores eulalienses bien significativos, se trasladó al parque “de arriba”, en la Rambla.

Hace unos años, a iniciativa de la Parroquia de Santa Eulalia y de su titular, D. Antonio Bellido Almeida, se celebró con brillantez el XVII Centenario del nacimiento de Eulalia. Para conmemorar su martirio, la Asociación para el Culto de la Mártir Santa Eulalia, con el apoyo y la guía de nuestra Parroquia, promovió numerosos actos, que se concentaron en el último trimestre del año 2004.

Entre ellos, además de los de significado estrictamente religioso que la Parroquia anunció oportunamente, esuvieron la organización de un Congreso Internacional, en el que participaron destacados especialistas nacionales y extranjeros, y una Exposición destinada a ilustrar sobre la figura de Eulalia, su culto y todas las manifestaciones derivadas del mismo.

Pero el proyecto más importante fue la erección de un sencillo, pero importante monumento a su memoria.

Se ubicó en la parte alta del parque de la Rambla, en el lugar que en su día ocupó la Cruz de los Caídos, con el simbólico fin de que la efigie de la Santa presida la entrada a los lugares eulalienses. Con ello, también, se paliaba de alguna manera la ausencia del original del Obelisco, desmontado por las razones expuestas. El Ayuntamiento, como no podía ser de otra manera, ofreció su máxima colaboración.

Para ello, la Asociación de Santa Eulalia convocó en su día un concurso entre escultores emeritenses, de acuerdo con unas bases establecidas, que fueron tenidas en cuenta por el jurado, formado por personas de gran prestigio, para adjudicarlo al reconocido escultor emeritense D. Eduardo Zancada Pérez, Profesor de la Escuela Superior de Bellas Artes de la Universidad Complutense.