CULTO, ORIGEN Y DIFUSIÓN. EULALIA DE MÉRIDA PALADÍN DE LA RECONQUISTA, PATRONA DE LAS ESPAÑAS

Retrato idealizado de don Pelayo.

En el corazón del antiguo Reino Astur se alza majestuoso un monte de claras resonancias legendarias: el Monsacro. Monte sagrado para los naturales, la tradición asevera que en sus escarpadas peñas los cristianos sustrajeron sagradas reliquias, traídas desde Jerusalén, a las profanadoras manos de los infi eles. De allí, se trasladaron a la Cámara Santa de la Catedral de San Salvador de Oviedo. Este hecho motivó que en la Baja Edad Media se multiplicara la devoción por las reliquias, entre las cuales las de Eulalia, que se decía habían sido trasladadas a Asturias cuando Mérida cayó bajo el yugo agareno. La relación entre Eulalia de Mérida y la Reconquista cristiana se remonta a los tiempos del rey Don Pelayo. En la batalla que sostuvo con el gobernador de Gijón, Munuza, las armas cristianas a su mando le infligieron tal derrota que al lugar diéronle en llamar Olalla u Olalíes, gracias a la invocación de la Mártir que el monarca hiciese en tan señalada ocasión, impetrando su celestial protección. La otra noticia importante que vincula a la santa emeritense con la monarquía astur es la que refiere el lugar de enterramiento del héroe de la Reconquista. En la Crónica de Alfonso III se consigna que “Pelayo fue sepultado con su esposa Gaudiosa en el territorio de Cangas, en la iglesia de Santa Eulalia de Velanio” Corría el año de 737. Esta iglesia había sido fundada por el propio Pelayo diecisiete años antes y, aún en su modestia, debía haber reportado al valeroso caudillo no pocas satisfacciones. Tan orgulloso estaría de ello que en sus mandas testamentarias dejó señalada aquella iglesuela bajo la advocación de la niña emeritense -a la que tantas veces se encomendaría en momentos de zozobra, tribulación o gratitud - como lugar de su sepultura. Durante mucho tiempo, Eulalia fue no sólo la Patrona de la Reconquista sino, también, de las Españas. Solo después sería sustituida por un santo más guerrero, “Santiago Matamoros”


LAS RELIQUIAS COMO VECTOR DE DIFUSIÓN

Arca de reliquias de Santa Eulalia de la Catedral de Oviedo

Etimológicamente, la palabra reliquia significa “resto de algo” y, por consiguiente, pueden serlo tanto cuerpos o sus partes como cualquier objeto que estuvo en contacto con ellos o con los lugares que frecuentaron en vida o moran eternamente. Cuando los cuerpos de los mártires, cortados, desgarrados o quemados, eran abandonados por quienes los habían ultrajado, era costumbre que los fieles, amparados por la negrura de la noche recogieran en un sudario los restos dispersos y los transportaran al lugar de su inhumación. Allí el cadáver o lo que quedara de él era preparado, envuelto a menudo en ricos ropajes y la tela que había servido para trasladarlo se convertía en un preciado bien personal o de la comunidad. Según la “Pasión de Santa Eulalia”, texto hagiográfico del siglo VII inspirado en otro anterior del siglo IV, la Mártir, habiendo llegado al lugar del martirio fuera de la ciudad “solo guardó por pudor un lienzo para ocultar sus partes” y la piedad popular recordaba todavía en el siglo XVIII a “un caballero cristiano” que, según se decía en los Breviarios antiguos, había prestado su capa a la joven Eulalia cuando la desnudaron para los tormentos y ulterior ejecución. Al siglo VII se remonta una leyenda que nos ilustra de la disputa habida por la túnica de la Mártir, reliquia que se conservaba en el tesoro de la basílica visigoda, entre el obispo Masona y el rey Leovigildo, quien pretendía trasladarla a la basílica arriana de Toledo. Una añagaza del metropolitano emeritense que la enrolló a su cintura haciendo creer que la había quemado e ingerido sus cenizas, evitó su salida de la ciudad. Tradicionalmente se creía que las reliquias corporales de Santa Eulalia permanecieron en su templo durante la época visigoda, siendo objeto de veneración por personajes anónimos o relevantes, caso de San Fructuoso de Braga o San Gregorio de Tours, que peregrinaron hasta la basílica atraídos por su fama. La creencia de que los restos de la Mártir estaban en la ciudad se mantuvo hasta los años de mil quinientos. Sin embargo, una corriente generalizada de opinión habla de su traslación, bien a Cataluña (posiblemente como resultado de una confusión con la santa Eulalia barcinonense), bien a Oviedo (para evitar que cayera en manos infieles cuando la toma de la ciudad por la morisma capitaneada por Muza), aunque en el siglo XI la ignorasen los tesoreros de reliquias de esta catedral. Una tercera hipótesis defiende que fue un Conde de Rosellón de visita a Mérida quien llevó las reliquias a la Catedral de Elna, en Francia, que desde entonces la tiene por patrona. Las reliquias contribuyeron poderosamente a difundir el culto a Santa Eulalia por muchos rincones de la geografía cristiana.


EULALIA DE MÉRIDA Y EULALIA DE BARCELONA

Uno de los aspectos más controvertidos del culto a la santa emeritense es la dualidad existente con su homónima barcelonesa, sobre cuya existencia real se sigue debatiendo. El primer testimonio del culto a Eulalia de Barcelona lo proporciona el obispo Quírico, quien, a mediados del siglo VII, escribe un himno en su honor. Éste y las Pasiones nos permiten acercarnos a la fi gura de la mártir barcelonesa: Al igual que la emeritense, es de familia noble; haciendo profesión de fe, se presenta ante al juez, es atormentada (fustigada, lacerada con uñas y garfios, suspendida del ecúleo, se le aplican hachones encendidos en los pechos) y, finalmente, es crucificada (nota distintiva con Eulalia de Mérida) momento en el que una nevada copiosa enmascara su desnudez. Durante su tránsito, una nívea paloma sale de su boca y vuela al cielo. Con anterioridad al siglo XII, fecha del hallazgo de los restos de la Eulalia barcelonesa, de las cuatro iglesias existentes en la ciudad y su entorno con advocación eulaliense, tres de ellas (Santa Eulalia del Campo, Santa Eulalia Provençana y Santa Eulalia de Vilapiscina) estuvieron dedicadas a la natural de las orillas del Guadiana, hecho que puede ser indicativo bien de un más que probable desdoblamiento hagiográfico, bien de la historicidad de la mártir barcelonesa. Cuando se había borrado por completo su recuerdo como consecuencia de la invasión musulmana, el 23 de octubre del 877 tuvo lugar la "Inventio” o descubrimiento de las reliquias de Santa Eulalia de Barcelona por el obispo Frodoino y su clero, en una basílica dedicada a Santa María (según refieren la epigrafía y los santorales medievales) llevándose a cabo una primera traslación a la Catedral. El códice más antiguo que se conoce del Martirologio Romano señala dos días distintos para la celebración de las fiestas de las dos Eulalias: el 12 de febrero para la Eulalia de Barcelona y el 10 de diciembre para la Eulalia de Mérida.


EULALIA EN EL MUNDO

Iglesia de Santa Eulalia de Mérida (Chihuahua, Méjico), obra de Bernardo del Carpio.

La universalidad de la mártir emeritense, la santa más famosa que ha conocido España, se manifiesta en la multitud de pueblos, lugares o accidentes geográficos a los que ha prestado su nombre tanto en Europa como en América. Solo en España hay ochenta pueblos con su nombre, (en sus distintas variedades: Eulalia, Eularia, Olalla, Olaya, Olaria, Olaja, Santolalla, Baia, Santalla, etc.) y ciento treinta la tienen por patrona. Portugal, no es, por supuesto, ajena a esta difusión, habida cuenta que en la Antigüedad su territorio formaba parte de la provincia romana de Lusitania. Al solar hispano le sigue Francia en cuanto a muestras, antigüedad e importancia del culto. La primera manifestación se remonta al 455, año en el que el presbítero Othia dedicó una basílica en Montady (Beziers), de titularidad compartida con los también mártires Vicente e Inés. El nombre, la santidad y el martirio de Eulalia gozaron de reputación en iglesias, parroquias, abadias, catedrales (Elne) e, incluso, entre los laicos en ciudades tan diversas como Sens, Auxerre, Reims, Paris, Senlis, Amiens, Vaison, Saint – Amand, Bordeaux, Montpellier (con reliquias) y otras muchas.

En Italia, Eulalia es titular de iglesias en Cagliari, Palermo y otras localidades como Sant’Ilario d’Enza (antiguamente llamado Santa Eulalia) en Emilia, Pistoia (donde Santa Eulalia es patrona de los pistoiesi) o Borso di Grappa, de acendrada devoción.Al otro lado del Atlántico, el culto a Eulalia se difundió con celeridad. En América del Norte hay poblaciones con su nombre en Estados Unidos (Washington, Oregon) y Canadá (British Columbia, Québec). En Hispanoamérica la presencia eulaliense en mucho más nutrida. En Perú, Santa Eulalia de Acopaya, en la provincia de Huarochirí, fue fundada en el tercer cuarto del siglo XVI, como parte del proceso de ‘extirpación de idolatrías’ anteriores a la conquista española. En Guatemala, Santa Eulalia, municipio enclavado en la Sierra de los Cuchumatanes (Huehuetenango) la santa y su llegada a este lejano lugar sirve para establecer un fecundo maridaje entre la cultura autóctona y la española o, lo que es lo mismo, entre la religión maya y la católica. Santa Eulalia pasó a ser Xal Ewul en q’anjob’al, la lengua de los naturales. En Méjico, el poblado Real de Minas de Santa Eulalia, nacido como consecuencia de la denuncia de ricas minas de plata y plomo, explotadas desde el siglo XVIII, está en el origen del próspero Chihuahua y son muchas las localidades con advocación, templo o patronazgo eulaliense en la Nueva España. Se da también la curiosa coincidencia de que poblaciones como Chiloeches (Guadalajara, España) y Chiloeches (Guadalajara, Méjico) cuentan con sendos templos dedicados a la Mártir Eulalia. Otros lugares del continente americano con presencia eulaliense son Costa Rica,Colombia, Puerto Rico y Ecuador.