LITERATURA Y MÚSICA.
LA CANTILENA A SANTA EULALIA,
ORIGEN DE LA LENGUA Y DE LA LITERATURA FRANCESA.

Anónimo siglo IX.

A finales del siglo IX, un monje de la Abadía de Saint - Amand (Francia) compuso un breve poema que todos los medievalistas han convenido en considerar como la primera obra escrita en lengua romance o, lo que es lo mismo, el precedente más remoto del francés actual.


Conservado en la Biblioteca municipal de Valenciennes, su estudio minucioso revela un poeta cultivado que bebe en fuentes como Prudencio, las Pasiones y los textos litúrgicos para componer este pequeño canto (lat. Cantilena) dedicado a la virgen y mártir emeritense


LA CANTILENA A SANTA EULALIA,
ORIGEN DE LA LENGUA FRANCESA
Anónimo

Buona pulcella fut Eulalia,
Bel auret corps, bellezour anima.
Voldrent la veintre li Deo inimi,
Voldrent la faire dïaule servir.
Elle nont eskoltet les mals conselliers
Qu’elle Deo raneiet chi maent sus en ciel.
Ne por or ed argent ne paramenz,
Por manatce regiel nel preiement,
Nïule cose nos la pouret omque pleier
La polle sempre non amast lo Deo menestier.
E poro fut presentede Maximiien
Chi rex eret a cels dis soure pagiens.
Il li enortet, dont lei nonque chielt,
Qued elle fuiet lo nom christiien.
Ellent adunet lo suon element:
Melz sostendreiet les empedementz
Qu’elle perdesse sa virginitet;
Poros furet morte a grand honestet.
Enz enl fou lo getterent com arde tost:
Elle colpes non auret, poro nos coist.
A czo nos voldret concreide li rex pagiens;
Ad ime spede li roueret tolir lo chief.
La domnizelle celle kose non contredist:
Volt lo seule lazsier, si ruovet Krist.
In fi gure de colomb volat a ciel.
Tuit oram que por nos degnet preier
Qued auuisset de nos Christus mercir
Post la mort et a Lui nos laist venir
Par souue clementia.
Transcripción: R. Berger – A. Brasseur


VERSIÓN ESPAÑOLA

Santa doncella fue Eulalia
Si bello fue su cuerpo, más bella fue su alma.
Quisiéronla vencer de Dios los enemigos,
Quisieron que prestara al diablo servicios.
Mas ella no escuchó malvados consejeros.
Que piden renegar del Dios que está en el cielo
Ni promesas de oro, de plata o de aderezos,
Ni amenazas reales ni halago o cumplimientos.
Ni otra causa a la virgen pudo jamás rendir
Para que apostatara negando a Dios servir.
Presentada fue por eso a Maximiano.
Que en aquellos días era el rey de los paganos.
Según canta la trova, fue exhortada
Para que profanara su santa fe cristiana.
Si sus creencias no renuencia para siempre,
Tendrá que soportar esbirros crueles.
Mas antes que vivir sin su virginidad
Escogerá morir con gran honestidad.
Es condenada al fuego, a morir abrasada;
Y por no tener culpas no es del fuego quemada
No por ello el pagano desiste de sus intentos,
Que muera por la espada será el postrer decreto.
No teme la doncella el último suplicio
Quiere dejar el siglo si es voluntad de Cristo,
En forma de paloma al cielo vuela
Roguemos confi ados que por nos interceda,
para que Cristo haya de nos merced
Y después de la muerte podamos a El volver
Por su clemencia.
Traducción: A. Camacho.


“PLEITO ENTRE OVIEDO Y MÉRIDA
POR LA POSESIÓN DE LAS RELIQUIAS
DE SANTA EULALIA”
PRIMER ESCRITO EN ASTURIANO
‘Antón de Marirreguera’

En el año de 1639, un breve pontificio declaraba a Santa Eulalia de Mérida Patrona de la ciudad de Oviedo, de su diócesis y del Principado de Asturias. Con tal motivo se convocó un Certamen Poético al que concurrió Antonio González Reguera, “Antón de Marirreguera”, nacido a comienzos del siglo XVII en Carreño (Asturias), donde llegaría a ser arcipreste. El “Pleitu” es el primer documento escrito en bable y se conserva gracias a que se desoyó el consejo de su autor de destruirlo, para que, según decía, “no se dijera que un cura se entretenía con estas cosas”.


“PLEITO ENTRE OVIEDO Y MÉRIDA
POR LA POSESIÓN DE LAS RELIQUIAS
DE SANTA EULALIA”
PRIMER ESCRITO EN ASTURIANO
‘Antón de Marirreguera’


PLEITU ENTRE UVIÉU Y MÉRIDA
PO LA POSESIÓN DE LES CENICES
DE SANTA OLAYA.-
Cuando ensamen les abeyes
y posen de fl or en fl or,
si les escurren s’espanten
vanse y non facen llabor.
Dexando’l caxello vieyo
pa buscar otro meyor.
Santa Olalla fo l’abeya
que de Mérida ensamó
enfadada qu’adorasen
les fegures de llatón.
Entoncies el rei Don Sil
andaba en guerra feroz
colos moros que querín
encabezase en Lleón.
Permitiólo aquesta Santa
que les victories—y dió,
matanza faciendo nellos
fasta qu’en Mérida entró.
Llegó al pueblo d’esta ñeña
que temblaba de pavor,
y esconfi aba de so cutre
solliviada de temor.
Cutieron los santos güesos
viendo que s’arrodiyó:
si estovieren mas carnudos
saldrín fe—y acatación.
Trúxoles el Rei piadosu,
de llacería los sacó
y metiólos per Uviedo
con gaites y procesión.
Mérida diz que—y tomen
esta prenda que—y faltó:
diga ella que quier ise
y aún con eso...quiera Dios,
si quiere que la llarguemos,
páguennos la devoción
ansí de los que fi naron
como de los qu’ora son.
Díguenlo al Santo Sudario
ver quiciás si da razón,
pos non tien utro cuidado
el señor San Salvador.
¿Quién ora—y lo mandará?
Bien s’echa de ver que nós:
si nos lleven esta Santa
no hai más d’arrimar la foz;
dirán ellos:—“Morrió acá”,
diremos nós:—“Non morrió,
qu’está viva per Asturies,
si está muerta para vos”.
Y aunque la lleven, m’obligo
que se toma per u fo,
porque están de nuestro llado
l’Obispo y Gobernador.
Nosotros los de capote,
cual con un ral, cual con dos,
seguiremos este pleito
fasta llevalo ante Dios.

“MARTIRIO DE SANTA OLALLA”
UNA MÁRTIR GITANA Y ANDALUZA
Federico García Lorca


Es el Romancero Gitano la obra más “popular”, al decir de su autor, de cuantas escribiera Federico García Lorca y de las más celebradas por crítica y público, a poco de ver la luz. En ella se contienen tres poemas históricos, uno de los cuales dedicado a la mártir emeritense, a la que Lorca hace gitana (su primer nombre fue “Romance del martirio de la gitana Santa Olalla de Mérida”) y andaluza (pues creía el poeta que la Mérida romana pertenecía a la Bética). Lorca, a diferencia de los hagiógrafos, pone el acento no en los aspectos religiosos del martirio sino en la tortura que sufre la niña y no duda en introducir “nuevos” martirios (le amputan las manos) al jardín de los suplicios eulaliano, sin que se echen en falta claras referencias, caso de la celebérrima nevada, a la obra del poeta calagurritano Prudencio.


I
PANORAMA DE MÉRIDA
Por la calle brinca y corre
caballo de larga cola,
mientras juegan o dormitan
viejos soldados de Roma.
Medio monte de Minervas
abre sus brazos sin hojas.
Agua en vilo redoraba
las aristas de las rocas.
Noche de torsos yacentes
y estrellas de nariz rota,
aguarda grietas del alba
para derrumbarse toda.
De cuando en cuando sonaban
blasfemias de cresta roja.
Al gemir, la santa niña
quiebra el cristal de las copas.
La rueda afila cuchillos
y garfios de aguda comba.
Brama el toro de los yunques,
y Mérida se corona
de nardos casi despiertos
y tallos de zarzamora.


II
EL MARTIRIO
Flora desnuda se sube
por escalerilla de agua.
El Cónsul pide bandeja
para los senos de Olalla.
Un chorro de venas verdes
le brota de la garganta.
Su sexo tiembla enredado
como un pájaro en las zarzas.
Por el suelo, ya sin norma,
brincan sus manos cortadas
que aún pueden cruzarse en tenue
oración decapitada.
Por los rojos agujeros
donde sus pechos estaban
se ven cielos diminutos
y arroyos de leche blanca.
Mil arbolillos de sangre
le cubren toda la espalda
y oponen húmedos troncos
al bisturí de las llamas.
Centuriones amarillos
de carne gris, desvelada,
llegan al cielo sonando
sus armaduras de plata.
Y mientras vibra confusa
pasión de crines y espadas,
el Cónsul porta en bandeja
senos ahumados de Olalla.


III
INFIERNO Y GLORIA
Nieve ondulada reposa.
Olalla pende del árbol.
Su desnudo de carbón
tizna los aires helados.
Noche tirante reluce.
Olalla muerta en el árbol.
Tinteros de las ciudades
vuelcan la tinta despacio.
Negros maniquís de sastre
cubren la nieve del campo,
en largas fi las que gimen
su silencio mutilado.
Nieve partida comienza.
Olalla blanca en el árbol.
Escuadras de níquel juntan
los picos de su costado.


* * *
Una Custodia reluce
sobre los cielos quemados,
entre gargantas de arroyo
y ruiseñores en ramos.
¡Saltan vidrios de colores!
Olalla blanca en lo blanco.
Ángeles y serafines
dicen: Santo, Santo, Santo.