PREGÓN DEL EXCMO SR.
D. JOSÉ MIGUEL  SANTIAGO CASTELO

EN LA SOLEMNE APERTURA DE LOS ACTOS DEL  XVII
CENTENARIO DEL MARTIRIO DE SANTA EULALIA

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Excmo. y Rvdmo. Señor Arzobispo emérito de Extremadura
Excmo. Sr. Alcalde
Dignísimas autoridades
Señores académicos
Queridos amigos:

No es concesión gratuita a vuestros oídos decir que me emociona este acto profundamente. Natural de la Baja Extremadura soy un hombre fiel a mi tierra, a sus creencias y a sus tradiciones. Y desde muy joven he sido fiel a Mérida y a Santa Eulalia. Hay documentos de esa fidelidad que no es de ahora: aquellos artículos míos -principios de los años setenta- en las páginas de ABC: “Bajan muchachas en flor, arropadas del frío, camino del Hornito de Santa Eulalia. Rezan novena y rosario y huele a cera derretida junto a la reja del antiguo templo de Marte. El dios de la guerra doblegado al martirologio de una niña”; hay mi defensa de la capitalidad en Mérida, en los balbuceos de la autonomía, que algún disgusto me trajo; mis versos juveniles en la noche de Mérida -por y para Mérida- de la mano de mi hermano mayor, el extraordinario y magnífico poeta emeritense Jesús Delgado Valhondo; mis pregones religiosos, aquí mismo, en épocas en que no estaba bien visto cantar y ensalzar la Semana Santa… Tanta vinculación con esta ciudad… Tantos amigos…

Y, ahora, este honor impagable. Ser una vez más vuestro pregonero. El hombre, que de vuelta de tantos caminos,   no se cansa de hablar de las cosas de su tierra. He pregonado Mérida, os decía. No me he cansado de proclamar que

En el mejor instante del Imperio Romano, Mérida es llamada “altera Roma”, otra Roma, es decir, no secundaria, sino primaria: Roma en España. Siglos más tarde Rodrigo Caro hará coplas como ésta para el pueblo: “Mérida que en las Españas / en un tiempo fuiste Roma.”

¿Qué caminos ando? Están sin hojas las acacias y no sé si voy para las vías de la Bética o para el camino de la Plata. Miro a mi alrededor. Nada queda de aquella plaza fuerte belicista. Hoy la fortaleza se guarda para el corazón de los eméritos dispuestos a emprender el camino de la grandeza de su tierra. De aquella fundación se perpetúa aún la sangre, los exactos cráneos -redondos- de los patricios, la gracia tranquila de las matronas, la agilidad, el tino… Y las columnas, los mármoles, las calzadas… Y más cerca todavía, casi tocándolos con la mano, el teatro, el anfiteatro, los mosaicos de las viejas quintas, los aljibes… Vigilan Ceres y Plutón y Proserpina. Roma entera rescatada y por rescatar vive en esta vieja y nueva capital de la Lusitania.”

Hoy me toca el pregón de la Santa… Diecisiete siglos. Casi nada. Desde 1975 esta ciudad es bimilenaria. Ahora, diecisiete centurias nos contemplan de Santa Eulalia y todo sigue en pie, reverdecido. Aunado y magnificado por vuestro esfuerzo… Cuando uno piensa seriamente en estas cosas entiende las razones de la universalidad, la fuerza de la Historia. Y comprende que Extremadura se volcara en América y extendiese como un bálsamo suavísimo por todo un continente la luz de la romanización y la fe del cristianismo.

Hoy, por Extremadura, rezan y están hablando
más de veinte países de ciclón y guayaba,
un continente nuevo que nació de esta sangre
con trescientos millones de lenguas soberanas…

Para que nos vengan a los extremeños con cateterías nacionalistas de cuño reciente. A nosotros que tenemos todo el peso de los siglos floreciendo en nuestros hombros…

Decía que diecisiete centurias nos contemplan y toda Mérida arde de ilusión como el primer día. La fama de Eulalia trascendió las fronteras augustanas de aquel incipiente siglo IV de nuestra era inundando con el testimonio de su fe toda la parte occidental del imperio. El poeta Prudencio nos habla de su egregia figura y señala a Emerita como uno de los centros de peregrinación más importantes de aquel tiempo. La devoción se extiende y en muy pocos años la vemos ensancharse por otros rincones de la Península Ibérica, Francia, Italia, Suiza… mientras aquí dentro aquellos grandes metropolitanos Paulo, Fidel, Mausona, conservaban, potenciaban e irradiaban la devoción eulaliense…

Lo que ahora -siguiendo esa lección de los siglos- está haciendo magníficamente la Asociación para el culto de la Mártir Santa Eulalia, que preside ese orgullo de Mérida y de Extremadura que es como decir orgullo de todas las Españas y que se llama José María Álvarez Martínez. Apoyado por emeritenses abnegados entre los que quisiera destacar a José Luis de la Barrera Antón, José María Álvarez Martínez lleva años luchando para que la memoria y la devoción de Santa Eulalia no se marchiten. A donde quiera que va -desde sus reuniones académicas a los foros internacionales de Arqueología, donde es una autoridad-, allá lleva el nombre de Santa Eulalia y de Mérida en sus labios. Está reorganizando en Comisiones la Asociación, bregando infatigable para que ésta se halla cada vez más presente en la sociedad emeritense y estrechando lazos con las numerosas comunidades internacionales eulalienses. De ahí el Congreso Internacional que se celebrará en Noviembre y que entroncará, doce años después, con las viejas Jornadas Eulalienses. En el Congreso se estudiarán asuntos de tanto relieve como el de la época en la que se desarrolló la corta vida de Eulalia, sus condicionantes, las circunstancias de su martirio y los orígenes de su culto. Para ello se ha buscado el concurso de investigadores de instituciones y Universidades españolas, italianas, francesas y alemanas, bajo la coordinación del reconocido especialista don Ramón Teja Casuso, catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Cantabria.

El desarrollo del culto eulaliense no sólo en España, sino en diversos lugares del antiguo solar del Imperio Romano de Occidente, será tratado en otra ponencia coordinada por D. Justo García, catedrático de Derecho de la Universidad de Oviedo y autor de una excelente monografía sobre la devoción a Santa Eulalia en la diócesis ovetense. Diversos y cualificados especialistas sorprenderán con una gran cantidad de datos reveladores de la dimensión y trascendencia de ese culto.

Esas devociones originaron, a su vez, multitud de realizaciones artísticas, que serán las que se presenten en la ponencia dedicada a esa materia específica y que coordinará el Dr. D. Francisco Tejada Vizuete, director del Museo y del Archivo de la Catedral de Badajoz, censor de la Real Academia de Extremadura y autor de excelentes estudios sobre la religiosidad emeritense de los siglos pasados. Conoceremos la imagen de Eulalia bajo diversos puntos de vista que van desde el rigor académico a la representación popular, a través de esculturas, pinturas, relieves y otros soportes.

Y un apartado singular: No se puede entender a Mérida sin su relación con su Patrona, antes y ahora. Por ello, en este encuentro científico será interesantísima esa sección emeritense, que recorrerá los pasados siglos vividos por Mérida en su común andadura con Eulalia. El Dr. José Luis de la Barrera, conservador del Museo Nacional de Arte Romano y conocido investigador de temas emeritenses, será el coordinador de esta sección tan relevante para los emeritenses y los extremeños todos.

La publicación de las Actas de este Congreso de Estudios Eulalienses será un paso más para conocer la figura de Eulalia y su dimensión histórica.

Para este encuentro José María Álvarez Martínez cuenta con la ayuda de un poeta. Un poeta-sacerdote que es como una llama viva del más puro amor a Santa Eulalia. Es Antonio Bellido. ¿No conoceis sus versos?. Como poeta que soy me emociona su voz cuando me llega impresa…

Yo canto, Mártir, tu vida,
canto tu muerte y tu gloria,
la grandeza de tu historia
en nuestra historia fundida.
Yo canto con voz quebrada
a la Niña del martirio
-azucena, rosa, lirio-
que me nubla la mirada.

¿Qué mejor párroco podía tener Santa Eulalia de Mérida que este poeta llamado Antonio Bellido Almeida?

Pero sigamos pregonando los quehaceres en este centenario. La Asociación ha conseguido que Sus Majestades los Reyes aceptaran el nombramiento de Presidentes de honor, retomando así una vieja relación con la Corona que data del siglo XIX cuando la Reina Doña Isabel II viene a Mérida, acompañada del Príncipe de Asturias y de las Infantas para agradecer a la Santa la curación de la Infanta que precisamente llevaba su nombre, Eulalia. El entonces Príncipe volvería siendo Alfonso XII y su hijo, Alfonso XIII, que también visitó el templo, fue nombrado Presidente de Honor de la Asociación… Como vemos, la Historia continúa y los Reyes siguen la tradición.

Se ha fundado una revista de nombre “Eulalia” y hasta sueñan estos emeritenses abnegados con resucitar la tradición del “Ramo de la Mártir”. No es fácil, querido José María. Mérida es una gran ciudad. La sociedad semi-rural de antaño, aquella que acudía en masa a la subasta de regalos, ha desaparecido; pero viene otra nueva sociedad y a ella hay que involucrarla en esta tradición del “Ramo”. ¿No te emocionas cuando ves a un “punky” que aminora su moto al pasar junto al Hornito para santiguarse devotamente ante Eulalia?. ¿O esos jóvenes, tantos -yo los he visto- que allí rezan con fervor?. No. No todo está perdido. Queda viva la fe de los mayores, la fuerza de la sangre y hay una juventud sana y con ilusiones a la que hay que aglutinar en torno a nuestra Santa, esa verdadera “Patrona de la Juventud” como acertadamente propuso nuestro arzobispo emérito don Antonio Montero… Hay una inquietud que es preciso, como estais vosotros haciendo, alentar vivamente a cada hora. Cuando el obispo de Burdeos solicita a nuestro Arzobispado la presencia de eulalienses para que le den noticias de la vida y el culto de nuestra doncella mártir es porque hay un afán por saber, un ansia por conocer. Me imagino lo que será ese Museo de Aquitania cuando a primeros de diciembre se llene de voces hablando de la niña emeritense…

Y, entre actos y exposiciones, la ilusión del monumento. Esa muestra de fervor de los nuevos emeritenses, los del siglo XXI. Una escultura, allá en lo alto de la Rambla de la Santa, que presida desde el 10 de diciembre el inicio en los lugares eulalienses…

Un gran poeta de Mérida, amigo mío, aquí presente, Rufino Félix Morillón me trae su verso impecable para ofrendar a la Niña:

Sí, que tu muerte la sé,
paloma blanca que nace
en la hoguera de la fe.

Muerte que se abre a la vida,
¡quién lograra este milagro
tras la indeleble partida!

Breve tiempo en la andadura,

tiempo eterno en la alegría.
Tras el martirio, en la altura
el encuentro de su muerte
con la luz de la armonía.

- Eulalia, qué buena suerte
saberte cerca, tenerte
uncida en esta canción,
rezo de mi corazón,
consuelo en la atardecida.

Piadosa, acoge mi vuelo
y álzalo en tu amanecida,
paloma de luz, anhelo
de mi muerte en la partida.

El inolvidable Pedro de Lorenzo -mi maestro en tantas disciplinas- cuenta en su “Extremadura, la fantasía heroica” al hablar de Mérida:

“Ya el viajero se ve Ramblas arriba, donde el amor, de aquí a nada, encenderá farolas y citas, bajo las acacias. Mira el obelisco de Santa Eulalia; piensa:

-¡Qué mosaico de sangres y de mármoles!.

Una cabeza de legionario, quizá el verdugo, da su perfil a la imagen de la víctima, corona de piedra erigida en honras a Olalla”.

Y prosigue el maestro: “Monumento a Santa Eulalia, ramblas de Santa Eulalia, Hornito de Santa Eulalia, basílica de Santa Eulalia… Todo en Mérida -incluso las brumas del río, Nieblas de la Mártir-, se acoge a la advocación de Olalla”.

Esta de ahora será una escultura en mármol de Carrara. ¿De dónde mejor?. De donde procede el material para reproducir la carismática figura del fundador de esta ciudad, Augusto, hoy gala del Museo Nacional de Arte Romano. Augusto, Eulalia por quienes Mérida alcanza la cumbre de la romanidad y la catolicidad. Por quienes Extremadura y con ella España recoge, por la vez primera, la antorcha de la universalidad.

Noche tirante reluce
Olalla muerta en el árbol

canta Federico el de Granada, mártir también de su entorno. Y qué mejor que una ofrenda, hecha escultura, de nuestro tiempo, fuera quizás de la estereotipada iconografía… para que sea el homenaje de nuestra hora. Eduarzo Zancada, el gran escultor, ha puesto manos a la obra… Ahora todos soñamos con ese día 10 de diciembre en que Mérida haga realidad el sueño del monumento. Sufragado por suscripción popular, ese día de Santa Eulalia será también el día de todos los emeritenses. Porque han sido los emeritenses los que, moneda a moneda, han sufragado por suscripción popular esa honra de mármol y granito que quedará en la Historia.

Pero terminemos con el rito del Pregón. Estamos deseosos de que la música se acune en nuestros oidos y se asiente en nuestro corazón. La Banda Municipal estrenará el Himno tradicional de Santa Eulalia en versión armonizada de don Manuel Domínguez Merino y con la intervención del Coro Parroquial.

La apertura está servida.

A todos, pues, os convoco a estas tareas.

Celebramos el XVII centenario de la Santa. En otro XVII, siglo XVII de nuestra era, el capitán Alonso Moreno de Vargas remata un soneto con estos endecasílabos

Vivas cenizas eres, consumida
que hoy genera en historia, alta proeza,
Fénix con pompa, Mérida con vida…

Sí, hoy como en el XVII, como en la Emérita Augusta, como mañana, como siempre, Mérida con vida y con Santa Eulalia como bandera indeclinable. En este XVII centenario, hoy más que nunca: ¡Mérida por Santa Eulalia!

Muchas gracias, señores.

Mérida, 1 de octubre de 2004.